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la lección de negociación que nos deja la crisis entre Israel, Irán y Estados Unidos

Durante las últimas semanas, millones de personas han seguido con atención la creciente tensión entre Israel, Irán y Estados Unidos.


Los noticieros hablan de misiles.


Los analistas hablan de alianzas militares.


Los gobiernos hablan de seguridad nacional.


Pero detrás de todos esos acontecimientos existe algo que pocas personas observan:

Una enorme negociación en desarrollo.


Porque incluso cuando aparecen amenazas, sanciones o demostraciones de fuerza, las partes continúan negociando.


Y esa situación nos deja algunas lecciones extraordinarias para cualquier persona que negocie contratos, acuerdos comerciales, presupuestos o conflictos dentro de una organización.


Primera lección: el poder no siempre se usa para atacar


Cuando observamos a Estados Unidos movilizar recursos militares o a Israel realizar demostraciones de capacidad defensiva, muchos podrían pensar que se trata simplemente de fuerza.


Sin embargo, en negociación existe un concepto importante: El poder también comunica mensajes.


Muchas veces una empresa no realiza una inversión para ejecutarla inmediatamente.


La realiza para demostrar que tiene alternativas.


Un proveedor no menciona otros clientes porque quiera perder una negociación.


Lo hace para mostrar que no depende exclusivamente de una sola relación.


De manera similar, en la política internacional, gran parte de las demostraciones de poder buscan influir en las decisiones de la otra parte sin necesidad de llegar a una confrontación directa.


En negociación corporativa ocurre exactamente igual.


A veces el mensaje es más importante que la acción.


Segunda lección: el más fuerte no siempre consigue lo que quiere


A simple vista podría parecer que quien posee más recursos tiene la negociación ganada.


Sin embargo, la historia demuestra lo contrario.


Irán ha enfrentado durante años sanciones económicas, presiones internacionales y limitaciones importantes.


Aun así, ha logrado mantener posiciones que las grandes potencias no han podido modificar completamente.


¿Por qué?


Porque una negociación no depende únicamente de quién tiene más recursos.


También depende de cuánto está dispuesto cada uno a resistir.


En el mundo empresarial ocurre algo parecido.


He visto pequeñas empresas negociar exitosamente con corporaciones gigantes.


No porque tuvieran más dinero.


Sino porque tenían mayor paciencia, más convicción o mejores alternativas.


Muchas veces confundimos tamaño con poder.


Y no son necesariamente lo mismo.


Tercera lección: las alianzas cambian el equilibrio


Estados Unidos no negocia solo.


Israel tampoco.


Irán tampoco.


Todos buscan fortalecer su posición mediante alianzas estratégicas.


Y aquí aparece una enseñanza fundamental.


Muchas personas intentan negociar individualmente cuando podrían fortalecer enormemente su posición construyendo alianzas.


Lo vemos en empresas que negocian conjuntamente con proveedores.


Lo vemos en asociaciones empresariales.


Lo vemos en grupos de inversionistas.


Lo vemos incluso dentro de una organización cuando diferentes áreas unen esfuerzos para impulsar un proyecto.


Las alianzas multiplican el poder de negociación.


Cuarta lección: las amenazas tienen límites


Uno de los errores más comunes en negociación es pensar que la presión siempre genera mejores resultados.


La realidad es mucho más compleja.


Cuando una persona se siente excesivamente presionada, normalmente deja de pensar en soluciones y comienza a pensar en defensa.


Eso ocurre entre países.


Y ocurre entre personas.


Un gerente que amenaza constantemente a su equipo puede obtener obediencia temporal.


Pero difícilmente obtendrá compromiso.


Un cliente que presiona excesivamente a sus proveedores puede conseguir descuentos.


Pero probablemente perderá colaboración e innovación.


Las amenazas pueden producir movimientos rápidos.


Pero rara vez construyen relaciones duraderas.


Quinta lección: el verdadero poder son las alternativas


Existe una pregunta que probablemente los líderes de Israel, Irán y Estados Unidos se hacen constantemente: ¿Qué ocurre si no llegamos a un acuerdo?


Esa misma pregunta debería hacerse cualquier negociador.


Porque el verdadero poder no está únicamente en lo que puedes conseguir.


Está en lo que puedes hacer si la negociación fracasa.


Una empresa con varios proveedores tiene más margen para negociar.


Un profesional con varias ofertas laborales tiene más tranquilidad para negociar.


Un comprador con múltiples opciones tiene mayor libertad de decisión.


Las alternativas reducen la dependencia.


Y reducir la dependencia significa aumentar el poder.


Lo que esta crisis nos enseña sobre las empresas


Muchas veces pensamos que las grandes negociaciones ocurren únicamente entre gobiernos.


No es cierto.


Todos los días encontramos situaciones similares dentro de las organizaciones.


Un área intenta imponer su posición porque controla el presupuesto.


Un proveedor utiliza su posición dominante porque sabe que es difícil reemplazarlo.


Un cliente exige condiciones especiales porque representa gran parte de las ventas.


La dinámica es exactamente la misma.


La única diferencia es la escala.


Reflexión final


La crisis entre Israel, Irán y Estados Unidos nos recuerda una realidad que existe en cualquier mesa de negociación.


El poder importa.


Pero no es el único factor.


La preparación importa.


Las alianzas importan.


Las alternativas importan.


La paciencia importa.


Y la capacidad de entender los intereses de la otra parte importa aún más.


Porque al final, las negociaciones más exitosas no son aquellas donde una parte demuestra que es más fuerte.


Son aquellas donde cada parte utiliza inteligentemente el poder que tiene para construir un resultado que le permita seguir avanzando.


Y esa es una lección que sirve tanto para los líderes mundiales como para cualquier gerente sentado en una sala de reuniones.

 
 
 

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